“Pero tú te ves normal”, “no pareces tener nada”, “seguro estás exagerando”… Estas frases, aunque parezcan inofensivas, son una forma de discriminación que muchas personas con discapacidades no visibles escuchan con frecuencia. En la UACM SLT, como en muchas universidades, los estudiantes que viven con condiciones como ansiedad, TDAH, autismo de alto funcionamiento o epilepsia, enfrentan no solo las dificultades propias de su condición, sino también la incredulidad de quienes los rodean. Estas formas de discriminación son particularmente dolorosas porque cuestionan la autenticidad del sufrimiento. Al no ver muletas, sillas de ruedas o signos físicos evidentes, muchas personas asumen que no hay ninguna limitación real. 📌 ¿Qué consecuencias tiene esto? Ocultar el diagnóstico por miedo a ser juzgados. Evitar pedir apoyo o ajustes por miedo a parecer “débiles”. Aislamiento, ansiedad, depresión o abandono escolar. Creerle a alguien cuando te habla de su condición no es un acto de caridad, ...
La inclusión educativa no se limita a poner rampas o modificar infraestructura. Las barreras más difíciles de vencer son muchas veces las actitudes. En la UACM SLT, encontramos que no existen protocolos claros para estudiantes con discapacidades no visibles. Los docentes suelen desconocer cómo actuar ante un estudiante con ansiedad o dislexia. Los compañeros, por su parte, pueden emitir juicios sin entender lo que hay detrás de una “falta de participación” o “entrega tardía”. 📌 Barreras comunes: Exigencia de comprobantes médicos para “creer” en la condición. Ausencia de ajustes en evaluaciones o tiempos de entrega. Comentarios despectivos como “es floj@” o “todo lo quiere fácil”. Trámites burocráticos y poco humanos para pedir apoyos. Un entorno universitario realmente inclusivo debe ser flexible, empático y capacitado para acompañar a todas las personas, no solo a quienes se ajustan al “modelo ideal” de estudiante.