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Derechos y legislación

 Las personas con discapacidad tienen derechos reconocidos a nivel nacional e internacional. Algunos documentos clave que protegen a las personas con discapacidades no visibles son:

Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006): reconoce la igualdad, la dignidad y el derecho a una educación inclusiva para todas las personas, sin distinción.

Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (México, 2011): establece los principios de accesibilidad, ajustes razonables y no discriminación en todos los niveles educativos.

Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (México): prohíbe la discriminación por cualquier condición de salud, incluyendo las discapacidades psicosociales y cognitivas.

Lineamientos Generales para la Educación Inclusiva (SEP, 2020): promueven la transformación de las prácticas escolares para atender la diversidad del estudiantado.

Estos marcos legales respaldan la exigencia de condiciones justas, adaptaciones y respeto para todas las personas, visibilizando también a quienes enfrentan formas de exclusión más sutiles, pero igualmente graves.


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Testimonio: “Tengo epilepsia, pero no me creen porque no me convulsiono”

  “Desde que entré a la universidad he tenido que explicar muchas veces que mi epilepsia no es como en las películas. No me caigo, no me agito. Simplemente me desconecto, pierdo el hilo, me mareo. Pero como no lo ven, me han acusado de desatenta, desinteresada o floja. Me da miedo decírselo a mis profes porque sé que no lo van a entender. Una vez me desmayé y pensaron que solo estaba cansada.” Este testimonio anónimo revela una de las múltiples formas en que la ignorancia institucional perpetúa la discriminación. Muchas discapacidades no visibles no se ajustan al imaginario colectivo, por lo que las personas tienen que “defender” su derecho a ser creídas. Esto genera un doble desgaste: vivir con la condición y justificarla constantemente. Las instituciones deben abrir espacios para escuchar estas voces y adaptar sus políticas a las realidades diversas de su comunidad.

Barreras invisibles en la UACM SLT: más allá de los muros

La inclusión educativa no se limita a poner rampas o modificar infraestructura. Las barreras más difíciles de vencer son muchas veces las actitudes. En la UACM SLT, encontramos que no existen protocolos claros para estudiantes con discapacidades no visibles. Los docentes suelen desconocer cómo actuar ante un estudiante con ansiedad o dislexia. Los compañeros, por su parte, pueden emitir juicios sin entender lo que hay detrás de una “falta de participación” o “entrega tardía”. 📌 Barreras comunes: Exigencia de comprobantes médicos para “creer” en la condición. Ausencia de ajustes en evaluaciones o tiempos de entrega. Comentarios despectivos como “es floj@” o “todo lo quiere fácil”. Trámites burocráticos y poco humanos para pedir apoyos. Un entorno universitario realmente inclusivo debe ser flexible, empático y capacitado para acompañar a todas las personas, no solo a quienes se ajustan al “modelo ideal” de estudiante.

La salud mental también es salud: ¿está la universidad preparada?

Aunque la salud mental ha ganado visibilidad en los últimos años, aún persiste el estigma, especialmente dentro de las instituciones educativas. En la UACM SLT, se han documentado casos de estudiantes que viven con depresión, ansiedad generalizada o trastorno bipolar, y que no encuentran respuestas adecuadas cuando solicitan apoyo. La salud emocional sigue siendo vista como “algo personal”, y no como parte del entorno educativo. 📌 ¿Qué implicaría una universidad consciente de la salud mental? Docentes capacitados en primeros auxilios emocionales. Protocolos claros para situaciones de crisis. Tiempo extra o ajustes razonables sin poner en duda al estudiante. Espacios seguros y libres de juicio. La salud mental no es un capricho, es un derecho. Y es responsabilidad de toda la comunidad universitaria defenderlo.