La inclusión educativa no se limita a poner rampas o modificar infraestructura. Las barreras más difíciles de vencer son muchas veces las actitudes.
En la UACM SLT, encontramos que no existen protocolos claros para estudiantes con discapacidades no visibles. Los docentes suelen desconocer cómo actuar ante un estudiante con ansiedad o dislexia. Los compañeros, por su parte, pueden emitir juicios sin entender lo que hay detrás de una “falta de participación” o “entrega tardía”.
📌 Barreras comunes:
- Exigencia de comprobantes médicos para “creer” en la condición.
- Ausencia de ajustes en evaluaciones o tiempos de entrega.
- Comentarios despectivos como “es floj@” o “todo lo quiere fácil”.
- Trámites burocráticos y poco humanos para pedir apoyos.
Un entorno universitario realmente inclusivo debe ser flexible, empático y capacitado para acompañar a todas las personas, no solo a quienes se ajustan al “modelo ideal” de estudiante.
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